Filberto Cruz Sánchez

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En las primeras horas de aquella tarde del domingo 29 de agosto de 1916, las olas embravecidas del mar Caribe arrastraron hacia los arrecifes del Malecón de Santo Domingo al acorazado Memphis, uno de los buques de la Armada estadounidense que acaba de invadir el territorio dominicano.

Una espesa muchedumbre de curiosos se había congregado en los alrededores del sitio donde la gigantesca nave de guerra era zarandeada por un iracundo oleaje que, en violentos repliegues, retornaba rápido y furioso hacia los acantilados, llevando al coloso de un lado a otro, cual débil cáscara de nuez sobre agua.

Al empuje infernal de cada oleaje salían disparados, marinos y oficiales. Sus cuerpos iban a dar contra las rocas, mientras la gigantesca estructura del buque, a merced de la borrasca, descendía súbitamente, de golpe, hacia las rocas del fondo marino, cuyo impacto rompió la quilla de la nave que, al parecer, era castigada por la naturaleza.

Ante aquella tragedia, los dominicanos volvieron a dar pruebas de su tradicional espíritu de generosidad y fraternidad. Olvidando sus dolores y sus justos resentimientos contra los invasores, sólo vieron en aquel momento a seres infortunados, abatidos por la fuerza del mar, y decenas de socorristas se arrojaron a las aguas turbulentas a salvar vidas, despreciando las suyas, en un gesto que revela el triunfo de la fraternidad humana por encima de las locuras y las injusticias que engendran las ambiciones y el afán del más fuerte por someter al más débil.

Treinta tripulantes perecieron y las pérdidas de vidas humanas hubiesen sido mayores sin aquel gesto de intrepidez de los dominicanos. 

El Memphis estaba valorado en seis millones de dólares, algo más de la suma en que luego sería fijada “la deuda flotante de Santo Domingo”, la causa aparente de la ocupación.

El doctor Federico Henríquez y Carvajal puso a vibrar las cuerdas de su lira en homenaje a los arrojados dominicanos que se lanzaron al mar enfurecido a rescatar marines, al concebir el siguiente pareado para una placa que habrá de recordar a sus compatriotas perecido: “Y al ver la nave zozobrar, perdida, un noble rasgo les costó la vida”.

26 de enero de 2021
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